Luis Fernando Peredo Rojas
DIPLOMACIA Y DEMOCRACIA
El desastre que supuso la pandemia del MAS para Bolivia los últimos 20 años es, literalmente, imposible de describir y mucho menos de estimar el impacto negativo para el país en lo económico, lo político, lo social y en cualquier ámbito que se quiera considerar, salud, educación, medioambiente, relaciones internacionales…, por el lado que se vea, el MAS no “descuidó” ni una sola célula del organismo del Estado para dañarla, hasta llegar al extremo de tener la metástasis generalizada que sufrimos todos con un gobierno agonizante.
Tal es el grado de deterioro al que vive el actual gobierno, que la sensación térmica de la población radica en especular su expectativa de vida y especular, si sobrevivirán los restantes cuatro meses mal contados que restan todavía o se derrumbará toda la falsa estantería que les soporta.
Llegados a este extremo, toda esta hecatombe, la ausencia de dólares, de gasolina, de alimentos, la inflación creciente, la devaluación, la caída en picada de las exportaciones e inversiones, y todo el desorden y caos que desangra al país, ¿nos hemos puesto a pensar que implicancias tiene ello a nivel internacional?
Los efectos más dañinos de este esperpento gubernamental, lamentablemente está deteriorando aún más la mala imagen que se tiene de Bolivia en el mundo entero, como un país, sin horizonte, sin proyección, preso de una corrupción generalizada y a punto de un total cataclismo.
La miopía MASISTA solo fue capaz de mirarse el ombligo (y lo hizo mal), ignorando que Bolivia no es una isla, ideologizando su política exterior, enterrando la carrera diplomática y todo aquello que a su entender “huela a cultura occidental”
Los resultados son más que elocuentes, un país aislado, sin inversiones, con paupérrimas exportaciones y marginado de todo el dinamismo económico que se está viviendo en el mundo. Bolivia no solo frenó su desarrollo, sino viene dando pasos agigantados para convertirse en el único país del cuarto mundo de américa del sur.
La imagen que ofrece Bolivia es vergonzante. Valdría la pena recordar a esta clase dirigente, el círculo de pobreza presentado hace muchos años por las Naciones Unidas señalando que, la mala imagen de un país, provoca ausencia de inversiones, debilitamiento del aparato productivo, generación de desempleo, subempleo e informalidad en la economía, lo que se traduce a su vez, en pocos ingresos de la población, baja calidad de vida, mala educación, pésima salud, incremento de inseguridad ciudadana y mayor pobreza.
Cualquier coincidencia entre este círculo de pobreza descrito y lo que está viviendo Bolivia no es casualidad, es precisamente la consecuencia de ignorar la enorme trascendencia que tiene la diplomacia y las relaciones internacionales en las sociedades civilizadas.
La diplomacia es el arte de gestionar el vínculo entre países y gobiernos para impulsar intereses comunes, establecer acuerdos aprovechando las potencialidades de todos. Esto requiere de profesionales altamente capacitados para proyectar la imagen de un país.
El MAS desconociendo lo más elemental de la diplomacia y todos los beneficios de lo que representa, cerró la Escuela diplomática, destituyó a todos los diplomáticos de carrera de la cancillería y optó por la improvisación y la ideologización de la diplomacia en las representaciones de nuestro país
Y así estamos, dando una lamentable imagen en todos los foros internacionales con todo lo que ello supone, aislamiento, crisis económica, informalidad, pobreza e inseguridad ciudadana.
Este es el momento para comprender que es imperativo dar un giro de 180 grados, recuperar el país, la democracia, la economía, la diplomacia y la imagen de una Bolivia que se proyecte al mundo como un país de emprendedores, de oportunidades y con respeto a sus instituciones. Si no se actúa de manera decidida al respecto, permitiendo que este caos continúe, lamentablemente seremos cómplices del hundimiento definitivo de nuestro amado país. La moneda está en el aire, actuamos o callamos.